Prosiguiendo con uno de nuestros últimos artículos, Cinco tips esenciales para un verano saludable, en el que tratábamos la importancia de protegerse del sol, ahora os guiamos a la hora de qué protector solar escoger para nuestra piel.
Las cremas solares tienen un Factor de Protección Solar (FPS), que consiste en multiplicar el tiempo al que la piel puede estar expuesta al sol hasta que aparece el enrojecimiento. Si resistiéramos al sol 10 minutos sin quemarnos, con una crema de FPS de 50, multiplicaría por 50 el tiempo de exposición al sol sin riesgo (500 minutos). 50 FPS es la máxima exposición, siendo esta, la de 20 y la de 30 las cremas que encontramos comúnmente.
No obstante, hay diferentes Fototipos a la hora de exponernos a la luz solar, es decir, a cada uno nos afecta diferente. Oscilan desde el Fototipo 1, que son individuos que presentan intensas quemaduras, sin prácticamente broncearse y con una piel que se descama sensiblemente, hasta el Fototipo 6, que no se queman nunca y se broncean intensamente. Los primeros necesitarán la máxima protección posible, mientras que los últimos no necesitarán protección prácticamente.
En cuanto a la aplicación, el protector solar debe aplicarse al menos media hora antes de la exposición solar para experimentar una correcta absorción. Se recomienda aplicarlo en abundancia e incluso repetir la aplicación cada par de horas en caso de contacto con arena y agua o por sudoración. Nuestra recomendación personal es la de utilizar siempre la mayor protección posible (50 FPS).
Junto al uso de las cremas de protección, también debemos tener en cuenta otras recomendaciones para reducir nuestra exposición al sol, como utilizar sombrero, evitar la exposición entre las 10h y las 15h o tener cuidado en los días nublados, pues la radiación solar sigue siendo dañina.